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2011-05-26 15:41:09
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Bramante y Maúro. Antinatura, negación y muerte. Parte I
A Toni. Esa persona que nos enseño que
primero era hombre, después homosexual
y fue valiente para vivir según sus sentimientos
Antinatura. Part I
Bramante nunca quiso ser pirata, siempre prefirió ser reina de los mares. A Bramante nunca le gusto jugar al fútbol, ni pelear, ni montar en bicicleta, ni ir al rió a saltarlo allá por donde los moros construyeron la presa.; entretenimiento favorito de zagales en las tardes de verano en su pueblo del interior de una provincia del exterior.
A Bramante le gustaba volver limpio a casa. Tardaba un rato más que sus amigos en estar listo y nunca iba despeinado. Se desvivía por jugar siempre un rato más con Alicia, su compañera de pupitre y asesora insustituible a la hora de vestir muñecas.
Que Bramante no quisiera ser pirata no era obstáculo para que deseara ser salvado una y otra vez por el capitán del navío corsario, Maúro. Apodo con tradición y solera donde las hubiese, más incluso que Bramante. De carácter fuerte, firmeza y don de gentes, Maúro era el único que disputaba a Alicia la compañía de Bramante, que bebía los vientos sólo después de que estos hubieran acariciado su piel. Capitán filibustero; remolino de pelo andante; líder de la manada que, por diversión infantil, perseguía casi a diario a Bramante hasta darle alcance y humillarle con unos cachetes y algún "arrastrón" al grito de mariquita.
Porque Bramante era mariquita. Gay no, hablamos de tiempos en los que el castellano era castizo y masculino indefectiblemente. Ni homosexual, palabra que, con esos tres fonemas combinados de esa forma, "sex", tenia limitada su pronunciación. Era mariquita.
Lo sabia desde años atrás, cuando siendo aun muy niño sintió sus diferencias, notó ese desgarro al ver los cabellos despeinados y la postura fuerte de Maúro al frente de sus bucaneros. Cuando sus amigas eran más que sus amigos. Cuando el cura, en connivencia con su madre, le advirtió de lo antinatura que era sentir así, y como, sin dilación, comenzaron los esfuerzos de su familia por evitar la vergüenza.
No tardó dos días en llegar la bicicleta a casa. Su padre empujaba con suavidad el conjunto de artefacto y Bramante para dejar posteriormente a la inercia el trabajo de enseñar equilibrio al desafortunado ciclista que, indefectiblemente, acababa por los suelos.
Primero sí fue suavemente, pero poco tardo la paciencia en buscar otras causas y abandonó el trabajo paterno, con lo que al restregón de la caída, había que sumarle el azote y los gritos que, como siempre, anulaban la razón de Bramante, acabando así con cualquier probabilidad, ya de por sí escasa, de éxito.
Bramante era un monstruo. Un monstruo antinatura, lo había dicho el cura, lo decían sus amigos, lo pensaba su padre. Bramante no quería ser mariquita, quería ser aceptado por la tribu, no ser diferente, pero también quería a Mauro.
Bramante No quería ser un monstruo. Era un buen hijo, amaba a las demás personas por encima de lo que normalmente son amadas. Era querido y rechazado a la vez. Él lo veía cada vez que, estando con alguien, este desviaba la conversación o cesaba la actividad si un tercero se acercaba, para pasar inmediatamente a construir el muro que, cotidianamente, había a su alrededor siempre, a todas horas.
Sólo Maúro era capaz de ir a buscarle. Maúro, el líder, era el único que, no haciendo caso a las quejas de sus subordinados, lo invitaba a ser su reina de los mares. Cosa que siempre acababa con él por los suelos recibiendo golpes, patadas y risas a su costa, pero de donde él , abstrayendose de la típica apoteosis del juego, extraía esa mirada fija de Maúro, que habiendo incitado el final, no participaba en él, solo le miraba en el suelo y mantenía su mirada. Maúro no le pegaba patadas.
Ahora Maúro estaba delante de él, en la misma fila, al lado de Alicia. Su mirada se esforzaba por decidir si posarse en la espalda de su amigo o en el traje de su amiga.
Bramante, Maúro y Alicia iban a recibir su primera comunión y él recordaba lo que había sufrido hasta ese momento por amar diferente, solo por eso, por amar, ese día, el mejor día de su vida, el mejor día de su larga vida, el mejor día de toda su vida según su madre.
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