Se están cargando, con nuestra pasividad y consentimiento, el estado del bienestar que tantos sufrimientos costó lograr a nuestros mayores. Su recuerdo, y el futuro de las siguientes generaciones de los ahora jóvenes, al menos merecen una firme oposición a estas medidas que van en contra del derecho de los ciudadanos trabajadores a una vida digna, no a una de esclavitud, similar a la Norteamérica decimonónica.